Destilados en la mesa
Defiendo la diferenciación, la diversidad y la novedad; innovar, arriesgar, es avanzar. Probar nuevas emociones, sentir nuevas sensaciones puede llevarte a momentos desconocidos, inexplorados, de disfrute, de goce. Pero cuidado!!. Qué nadie interprete mis palabras como un ataque a la cocina tradicionalista, hacia posturas más conservadoras, NO!!!. Creo que el equilibrio es la base perfecta de la balanza, pero no debemos, a priori, cerrarnos nunca a probar, a sentir, nuevas experiencias.
Lo digo porque en los últimos días he sido invitado a compartir los platos de la comida (cena) con algunos destilados. Lo que para algunos puede ser un ataque furibundo al vino, un intento más de seguir empeorando los números de consumo de vino, para mi es otra manera más de mantener viva la chispa sensitiva de mi ser.
La primera propuesta venía firmada por la marca de whisky GLENROTHES. Llegar al Mercado de San Antón, escoger un pescado (rodaballo), y una pieza de buey, para que te lo hagan en la planta de arriba del Mercado, en La Cocina de San Antón, es una manera de empezar la jornada de manera explosiva.
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Pugnando por una medalla
Hace unos días leía una noticia sobre la medalla de oro que un vino chino ha conquistado en el último Decanter World Wine Awards, tocando, además, en la línea de flotación de los franceses: “Medalla en vino tipo Burdeos”. La lectura me llevó a plantearme una duda casi existencial: ¿Son necesarios los concursos? <<Muchos concursos suponen una ayuda a una imagen de bodega y vinos, me comentaba el Gerente de una bodega navarra, al hacerle la pregunta. En mi opinión, ahora hay demasiados concursos, muchos de ellos irrelevantes, pero al consumidor final siempre le sirven si se entera… “Este vino ha tenido un premio…” oyes por ahí, pero no saben decirte cuál y muchas veces no es ninguno de los Top>>. Leer más
El rosado de Carme Ruscalleda
Gastronomía y vino; comunión perfecta, piedra angular, binomio que cuando se llega a esa perfecta complicidad hace que se potencie las sensaciones tanto del plato como del vino. Si a eso le unimos el empeño que Elena Adell, enóloga de Bodegas Campo Viejo, siempre ha mostrado por recuperar el papel protagonista del vino en la mesa, y el prefecto sincronismo que desde el primer día mostraron dos mujeres formidables como son Carme Ruscalleda y la propia Elena, se puede entender que la aventura “Gastrovinos”, conjunción quimérica entre los fogones de Carme y los polifenoles de Elena, no haya sido flor de un día, y que la primera añada haya tenido su agradable continuación.
Esta alianza se ha convertido en el primer rosado que factura la gente de Alcorta, el Alcorta Rosado Carme Ruscalleda 2010. Un vino vitalista, envolvente, muy frutal y sensual, una caricia sedosa y cargado de personalidad en la boca, una envolvente marea de fragancias en la nariz. Un vino que a Carme le trajo a su memoria esas “chuches” que todos hemos comido de pequeños (y no tan pequeños!), lo que le hizo emplear gran parte de sus esfuerzos en liofilizar el vino, crear unas chuches para mayores. Leer más
El vino que no ‘llega’
Los problemas impositivos del vino canario lo condenan al ostracismo.
“Viajamos por lugares totalmente dispares, ¿California?, ¿Sur de Francia?, ¿Grecia?, ¿Sicilia?, ¿Canarias?, ¿Galicia?… Propusimos diferentes variedades, “esto es una Pinot Noir”, “no, no, una prieto Picudo”, “A ver si va a ser una Listán o Sousón”, “¿y una Cabernet Sauvignon?… Después de decir todas nuestras apreciaciones y redactar entre todos la nota de cata de cada uno de los vinos, llegó la hora de destaparlos, con grata sorpresa: Todos los vinos procedían de las Islas Canarias”.
Así comienza una gran experiencia de un entregado grupo de cata, “La Despeña”, que, compartiendo mesa y mantel, se reúne mensualmente bajo una pasión común, el vino. Son entendidos y disfrutan disertando sobre la actualidad del sector, comentando nuevas añadas y disfrutando de nuevas experiencias. (http://www.quelujo.es/2011/03/07/catando-vinos-canarios/)
Son los grandes desconocidos, los vinos canarios. El buen hacer de viticultores y bodegueros ha conseguido recuperar para el vino canario la excelencia que tuvo en los siglos XVII y XVIII, cuando el sector se convirtió en el motor económico de las Islas y conquistó el mercado anglosajón con sus famosos Canary.
Sorpresa y admiración despierta además la viticultura canaria. Dificultades orográficas, climatología extrema y suelos imposibles… Aun así, el viticultor consigue extraer de esta tierra lo mejor para sus uvas. Pero, ¿merece la pena tanto esfuerzo? ¿Son rentables económicamente las inversiones vitícolas en Canarias? Lamentablemente, hoy por hoy, hay que confesar que sólo en contados casos de éxito y con grandes inversiones por medio la viticultura canaria es rentable.
El régimen económico y fiscal especial que rige el Archipiélago y las desiguales condiciones de competitividad con respecto al vino que llega de fuera condenan al vino canario a una lucha sin tregua en su propio territorio; lucha que pierden sin remedio ante unas condiciones que no pueden igualar. Ya no digamos competir más allá de las fronteras insulares. Condicionado por un mercado pequeño en un espacio geográfico fragmentado en islas y alejado más que nunca de la economía continental europea, el vino canario necesita ayuda. Leer más
Garnachas centrales
Dejamos las tierras de Cebreros, en la provincia de Ávila, donde estuvimos disfrutando de nuestra última garnacha, y siguiendo las carreteras que se enredan en las laderas de los aguerridos Gredos, vamos dirigiendo nuestros pasos hacia San Martín de Valdeiglesias, una de las primeras localidades madrileñas que sienten el frio atardecer que les insufla esta serranía avulense. Serpenteantes carreteras que deben salvar importantes dificultades orográficas, pero que no nos mostrarán esa belleza llamada garnacha, pues las mejores viñas hemos de descubrirlas adentrándonos por caminos y senderos, buscando entre la vegetación autóctona, compartiendo ecosistema con la flora de montaña; pequeñas parcelas, de difícil acceso, llenas de carácter y coraje.
Vieja garnacha de Cebreros
La garnacha nos hace caminar por el Camino de Santiago; muchos viñedos vamos atravesando, pequeñas yemas verdes empiezan a surgir de la renacida viña, pero desgraciadamente no podemos pararnos (de momento, porque seguro que en próximas entregas retornamos sobre nuestros pasos).
Nos adentramos en tierras castellanas y dejamos el sendero peregrinante para acercarnos a las faldas de Gredos, pues nuestro pensamiento lo tenemos orientado hacia las tierras más altas de Cebreros.
En estas garnachas fijaron su mirada, hace algún tiempo, los hermanos Sanz, responsables de Terna Bodegas, y más concretamente el pequeño de la terna, Marco, siempre dispuestos a sorprender con singulares proposiciones. En un terreno granítico, franco arenoso, con bastantes residuos de esquistos pizarrosos y una altitud elevada, rondando los mil metros, nos encontramos un viñedo de poco más de una hectárea que ronda el siglo de vida; ochenta curtidos años luchando contra las airadas ráfagas otoñales, los fríos invernales, las oscilantes primaveras y los tórridos veranos. Cuando sus brazos, retorcidos por la edad, se permiten la desfachatez de soliviantar el azulado techo, también deben soportar, inquebrantables, cada uno de los ataques climatológicos que dan robustez y firmeza a esas extremidades que, con lo poco que le roben a esos suelos, empezarán a sustentar ese par de racimos que colgarán desvergonzados. Leer más






