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4 agosto, 2011

El rosado de Carme Ruscalleda

Gastronomía y vino; comunión perfecta, piedra angular, binomio que cuando se llega a esa perfecta complicidad hace que se potencie las sensaciones tanto del plato como del vino. Si a eso le unimos el empeño que Elena Adell, enóloga de Bodegas Campo Viejo, siempre ha mostrado por recuperar el papel protagonista del vino en la mesa, y el prefecto sincronismo que desde el primer día mostraron dos mujeres formidables como son Carme Ruscalleda y la propia Elena, se puede entender que la aventura “Gastrovinos”, conjunción quimérica entre los fogones de Carme y los polifenoles de Elena, no haya sido flor de un día, y que la primera añada haya tenido su agradable continuación.

Esta alianza se ha convertido en el primer rosado que factura la gente de Alcorta, el Alcorta Rosado Carme Ruscalleda 2010. Un vino vitalista, envolvente, muy frutal y sensual, una caricia sedosa y cargado de personalidad en la boca, una envolvente marea de fragancias en la nariz. Un vino que a Carme le trajo a su memoria esas “chuches” que todos hemos comido de pequeños (y no tan pequeños!), lo que le hizo emplear gran parte de sus esfuerzos en liofilizar el vino, crear unas chuches para mayores.
Un vino, que el día de la presentación, Elena Adell lo describió haceindo un maravilloso paralelismo a través de un viaje Mediterráneo, ese mar, ese clima, esa cultura que impregna de luz y energía toda la cocina de Carme Ruscalleda. Un viaje por nuestros recuerdos, por nuestro interior, donde se alojan las resonancias de una playa primaveral, de la brisa marina refrescando nuestras mejillas mientras contemplamos, distraídos, el batir del suave oleaje. <<Un mar muy calmo, expresaba Elena, con ese azul, con esa tranquilidad grata que le caracteriza. Saliendo de la playa, en esta cata-paseo por Alcorta Rosado 2010 por la que nos condujo Elena Adell, nos adentramos en un jardín donde las rosas están esplendorosas, con sus pétalos turgentes, todavía con sus gotas de rocío colgando de sus hojas>>.
El recorrido del rosado por nuestra memoria sigue su seductor caminar, y se adentra en el bosque mediterráneo, un día fresco, paseo mañanero por la vereda que se adentra entre la arboleda. <<En el bosque nos encontramos una pequeña mata de fresas; cogemos esa fresita silvestre, aromática, perfumada cuando la tenemos en la boca; de un color casi rojo maravilloso, con esa sensación de acidez que nos refresca el paladar. Seguimos andando y nos topamos con esas sutiles violetas que aportan un carácter especial a este rosado 100% tempranillo>>.
La cata de Elena Adell, el día de la presentación oficial de Alcorta Rosado 2010 Carme Ruscalleda, no solo fue un viaje geográfico, también lo fue temporal. <<Nuestro caminar continúa, ahora en septiembre, en época de vendimia, y nos encontramos el típico zarzal; con mucho cuidado metemos la mano y coge la mora, bien madura, que tiñe nuestras manos. Su aroma nos invade la boca; pero además mordemos la semillita y recordamos ese aroma un poquito herbáceo, pero tan agradable, que te inunda de esa sensación refrescante. Nuestro viaje finaliza regresando a la playa, donde nos espera un bol de frambuesas, de color rosa vivaz y penetrante; en boca nos trae esos recuerdos de chuches que entusiasman a Carme. Paseando por la costa nos encontramos, en la linde, ese campo de cítricos mediterráneos; cogemos un limón y lo rayamos para sentir esos aromas tan evocadores que también podemos encontrar en el rosado de Carme Ruscalleda>>.
Así describió Elena Adell todas las sensaciones que este rosado de Alcorta puede despertarnos al beberlo, al sentirlo, al disfrutarlo. Un rosado con cuerpo, volumen  y sedosidad.

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