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18 junio, 2011

Garnachas centrales

Dejamos las tierras de Cebreros, en la provincia de Ávila, donde estuvimos disfrutando de nuestra última garnacha, y siguiendo las carreteras que se enredan en las laderas de los aguerridos Gredos, vamos dirigiendo nuestros pasos hacia San Martín de Valdeiglesias, una de las primeras localidades madrileñas que sienten el frio atardecer que les insufla esta serranía avulense. Serpenteantes carreteras que deben salvar importantes dificultades orográficas, pero que no nos mostrarán esa belleza llamada garnacha, pues las mejores viñas hemos de descubrirlas adentrándonos por caminos y senderos, buscando entre la vegetación autóctona, compartiendo ecosistema con la flora de montaña; pequeñas parcelas, de difícil acceso, llenas de carácter y coraje.

Y allí, entre enebros y robles, rondando los 700 metros de altitud, nos encontramos las parcelas más espectaculares de Bernabeleva Bodegas y Viñedos: Camino del Rey, que apenas es capaz de producir 1200 botellas, o Viña Bonita, donde las raíces de nuestra amada garnacha luchan, a diario, entre compactas formaciones graníticas, en busca de un gramo de alimento. Dejando a nuestra espalda el Monte Guisando, testigo impasible de la lenta maduración enológica de la garnacha, nos despedimos, nostálgicos, de la bodega que hace unos meses nos acogió, a los miembros de 3 COPAS 1 VINO, para catar Navaherreros 2008.
Antes de enfilar hacía la provincia de Toledo, hacia las tierras de Méntrida, destino de nuestra etapa de hoy, hemos de saludar a otro “figura” que sabe sacar la mejor expresión de la garnacha: Fernando García, enólogo de Bodega Marañones. Como su amigo Marc Isart, de Bernabeleva, Fernando nos ofrece escasísimos vinos de finca, de terruño, expresión natural de parcelas muy pequeñas (Labros y Peña Caballera), y un vino de tirada más amplia, 30000 Maravedíes, donde la garnacha se deja seducir por la syrah.

Y aunque nuestro destino hoy no sea la bodega de Jimenez Landi, no podemos dejar de saludar, pues nuestras pisadas pasan por la puerta de esta bodega, herencia familiar, que fue excavada hace algunos siglos. Si desciendes sus desgastados escalones podrás encontrar barricas que están moldeando, de manera natural y sosegada, algunos de los mejores vinos tintos que podamos tener en una copa. The End o Cantos del Diablo se muestran profundos y sedosamente afilados incluso cuando los catas de barrica, mostrando, desde que se dejan pisar por los pies de Dani Jimenez Landi, su personalidad, su osadía. Garnachas muy reconocidas y admiradas que, sin duda, han puesto Méntrida en el mapa (¡¡cuanto bien hace el vino para refrescar y actualizar la cultura geográfica!!).

Y dentro de la Denominación de Origen Méntrida, nos vamos alejando de la atemperada protección de la Serranía de Gredos, para descender hasta los terrenos más llanos y soleados de las localidades de Camarena y Arcicollar. Allí hemos puesto hoy nuestra meta; en Bodegas Tavera, centro de producción de un vino maceración carbónica que lleva unos años volviéndome loco (este año, sin ir más lejos ha quedado 2º en el Concurso Primer 2010). Un vino donde la syrah, mayoritaria, se deja embelesar por la estructura de la tempranillo y sobre todo, por la golosidad y la frutosidad de la garnacha. El resultado,una  aromática silvestre, espectacular, todo un perfume arrebatador de frutos rojos, vitalista y expresivo.
Un anticipo que nos anuncia una boca amable, provocativa, de tanino muy redondo y aterciopelado y persistencia final agradablemente amargosa. <<Partiendo de una uva muy sana, nos comentaba Consuelo González, responsable de Bodegas Tavera, con una garnacha de viñedo viejo, nos centramos en extraer toda su fruta, todo su potencial>>.
Garnachas que siguen soportando los rigores climáticos plantadas en vaso, como lo hicieron las generaciones precedentes a Consuelo. Y de esas pocas viñas, intercaladas entre olivos de cornicabra, surge su monovarietal de Garnacha, Garnacha de Antiguos Viñedos 2008, un vino que nos trae recuerdos de frutos rojos maduros, suaves mermeladas de moras y arándanos ligeramente maquilladas por la presencia de notas balsámicas y la sutileza de las hierbas mediterráneas. Recuerdos que nos profetizan un paso en boca amable y sedoso, de amplio carácter frutal y una sugestiva frescura que rompe con la idea preconcebida de la garnacha empalagosa. <<El secreto de nuestra uva puede estar, nos comentaba Consuelo, en las diferencias de temperatura entre el día y la noche; aunque es cierto que por el día los calores que hace en verano en estas tierras son tremendos, por la noche, en las madrugadas, hace frio. Y ese contraste hace que la uva, en esa etapa de maduración, se estrese y saque lo mejor de ella. Eso, unido a los suelos pobres, arenosos, que tenemos, marca la personalidad de nuestra garnacha>>. Una garnacha que hace la crianza en barricas de 500 litros, lo que potencia las notas frutales, la suave integración de las notas tostadas de la crianza y las cautivadoras notas amargosas del postgusto, persistentes y atractivas.

Descendiendo desde Gredos se pueden disfrutar de algunas garnachas salvajes (ideológicamente hablando), por concepción, por cultivo y por elaboración; Frescas, profundas, seductoras. Una frescura que, como si fuese una creencia metafísica, se mantiene en su camino a Méntrida y que, pese a que se va tornando en fruta más madura cuando las laderas inaccesibles dejan paso al llano toledano, no se perderá en todo el recorrido.

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