Ir al contenido

6 abril, 2011

Los vinos de Toro

¡Qué bonitas son las cosas en los videos promocionales, en los folletos que se reparten en las ferias, y que cruda es la realidad cuando uno se calza las botas y pisa el terreno, en estos días bastante embarrado, del viñedo castellano!!
Esta exclamación la podríamos aplicar a cualquiera de las comarcas vitivinícolas de nuestro país; no cabe la menor duda. Pero que hoy queremos particularizar al campo zamorano, más concretamente a los vinos de Toro, en los cuales nos sumergimos hace unos días, de la mano de dos amigos como son Ramiro Carvajo y Ferrín, responsables de esa atracción intensa llamada Sofros. Junto a ellos,  el últimamente admirado Ángel Layos, ganador del 4º Premio Vila Viniteca cata por Parejas y un servidor.

El campo muestra la realidad del campo; multitud de etiquetas rezan la frase milagrosa: “cepas viejas, viñedos viejos, prefiloxéricos”. Pero los frescos aires que agitan las recién podadas viñas no portan el mismo mensaje. Pequeñas parcelas residuales, con viñedos de ochenta, noventa, o incluso cien años, no las descubres fácilmente. Y, además, dentro de Toro, no todos los terrenos se comportan de igual manera. Como tercer elemento diferenciador de los vinos que pudimos probar, está la mano del hombre, y también su mentalidad comercial. A veces tenemos grandes recursos, una materia prima excepcional, y no somos capaces de que se exprese aterciopelada y grandiosa.
Desgraciadamente nos encontramos con muchos vinos que sólo aportaban rugosidad, carnosos y ásperos, con una carga tánica elevada y ciertamente punzantes, vinos que equivocan la estructura, la amplitud y la complejidad, con la aspereza, la dureza y la tosquedad.

Como mi intención no es molestar, ni herir susceptibilidades, me quedaré con algunas notas de los vinos que más nos entusiasmaron, algunas pistas de las elaboraciones que, a mí personalmente, despertaron agitación en mi interior.
No cabe duda que hay vinos que habitan en una dimensión cósmica; Bodegas Numanthia, pese al cambio de dirección de hace unos años, sigue haciendo grandes vinos, y lo que pudimos catar de barrrica, tanto Numanthia como Termanthia, de la añada 2009, insinuaba esa elegancia que tras su debido reposo alcanzará en botella.

Marcos Eguren, visionario que pusiera Numanthia en todos los mapas enológicos del universo, sigue sabiendo como acariciar la tempranillo (¡¡¡perdón, Tinta de Toro!!!!) de la zona en ese espléndido edificio que abre sus puertas tras el cartel de Teso la Monja. La añada 2008 expresa distinción, vitalidad, potencia y agradable serenidad. El equilibrio es su mayor virtud, la magnificencia su adjetivo, y el paso fresco, seductora acidez, y el fondo frutal, sus armonías musicales. Así se muestra Vitorino 2008, y se asoma en Almirez 2008. De sensaciones algo más rugosas, de taninos menos integrados y sensorialmente más evidentes, muestras sus orígenes con desenvoltura, siendo, de nuevo, la acidez, componente vitalista para mostrarse agradable y sugestivo.

La acidez es precisamente el mayor hándicap de estas tierras castellanas de Zamora. Y es precisamente esta acidez la que echamos ligeramente en falta en los dos vinos, de precio medio y espíritu cautivador, que más me fascinaron.
Empezaré por un vino de garaje; bodega protegida por un galpón, depósitos que conviven con el almuerzo de sus responsables (¡¡¡Dios mío, que tortilla de patatas hacen en esta casa!!!!). Estoy hablando de Bodegas Caro Dorum, un vino del que pocos podemos disfrutar en nuestro país, porque la mayoría se va al mercado americano. Y mi pregunta, tomando una copa con Guillermo y su familia, es por qué aquí no sabemos apreciar esa golosa sedosidad de sus vinos, sobre todo del Caro Dorum Rojo 2007, un vino que estaba excelso, óptimo en su momento de consumo, refinado y maduro; un vino donde el aporte frutal y la ganancia especiada de la barrica saben convivir sobre un suave lecho balsámico. De los 40000 kg de uva que recogen, uva que guarda el secreto de sus vinos, elaboran otros dos tintos: el básico, Issos 2007, más que aceptable, y Caro Dorum Selección 2005, de sensaciones más licorosas, enérgico y nervioso.
El otro vino que nos conquistó es el referido Sofros; ya conocíamos la añada 2009 (añada que va ganando día a día), pues nuestros amigos de 3 Copas 1 Vino hicieron una descripción magistral en su cata mensual; en este fulgurante viaje tuvimos la oportunidad de conocer los antecedentes del vino, ver cómo va marcando el camino con 4 meses de barrrica. Sentir su potencial, su bravura, el ímpetu que le caracteriza cuando llega a la botella, y descubrir como cada tonel es un mundo maravilloso y diferente, como va respetando la frutosidad de la uva y a la vez va regalando el andamiaje de la madera; desquiciada tanicidad que se irá domando de manera majestuosa hasta llegar al coupage final.

Toro es zona de grandes vinos; planicie donde habitan grandes uvas, aireadas por los vientos fríos, tostadas por los rayos más afilados del sol estival. Uvas que solo disponen de la protección de sus pámpanos, de las hojas de sus viñas. Uvas que mimadas, trabajadas con delicadeza y pasión, nos darán grandes momentos de alegría.

¿Qué opinas?, introduce un comentario.

(obligatorio)
(obligatorio)

Nota: Se permite código HTML. Tu correo electrónico nunca será publicado.

Subscribete para comentar