Vieja garnacha de Cebreros
La garnacha nos hace caminar por el Camino de Santiago; muchos viñedos vamos atravesando, pequeñas yemas verdes empiezan a surgir de la renacida viña, pero desgraciadamente no podemos pararnos (de momento, porque seguro que en próximas entregas retornamos sobre nuestros pasos).
Nos adentramos en tierras castellanas y dejamos el sendero peregrinante para acercarnos a las faldas de Gredos, pues nuestro pensamiento lo tenemos orientado hacia las tierras más altas de Cebreros.
En estas garnachas fijaron su mirada, hace algún tiempo, los hermanos Sanz, responsables de Terna Bodegas, y más concretamente el pequeño de la terna, Marco, siempre dispuestos a sorprender con singulares proposiciones. En un terreno granítico, franco arenoso, con bastantes residuos de esquistos pizarrosos y una altitud elevada, rondando los mil metros, nos encontramos un viñedo de poco más de una hectárea que ronda el siglo de vida; ochenta curtidos años luchando contra las airadas ráfagas otoñales, los fríos invernales, las oscilantes primaveras y los tórridos veranos. Cuando sus brazos, retorcidos por la edad, se permiten la desfachatez de soliviantar el azulado techo, también deben soportar, inquebrantables, cada uno de los ataques climatológicos que dan robustez y firmeza a esas extremidades que, con lo poco que le roben a esos suelos, empezarán a sustentar ese par de racimos que colgarán desvergonzados.
Y de aquellos racimos, estos vinos. Porque nuestro viaje tiene una marca en la frente, E Terna Selección 2007, criatura todavía en estado de latente juventud, vivaz e insolente. 22 meses de crianza en barricas de roble francés han empezado a calmar ese espíritu vigoroso e impetuoso que se mostraba inquieto, nervioso, cuando abandonó su estado frutal para empezar a licuarse.
E Terna Selección 2007 se presenta mineral y balsámico; de fragancia muy sugestiva, las frutas en sazón, con un recuerdo sutilmente licoroso y suaves pinceladas anisadas empiezan a aflorar por la copa en cuanto el vino siente el envolvente contacto del oxígeno. Es tal la complejidad que nos trasmite esta garnacha zamorana, que no encontramos el momento de que estimule nuestro paladar; la fruta da paso a esas hierbas aromáticas que al pisarlas, aromatizan nuestro pasear por la arboleda castellana, armónicos paseos en el que las notas florales más silvestres ruborizan nuestra sensibilidad interior.
En su terreno, E Terna Selección 2007 muestra ese carácter agitado, ligeramente embravecido. Un vino que emociona con un paso profundo, dotado de una fina rusticidad, personalidad que ahora se muestra profunda, algo tánica, y que el paso de los meses convertirá en un vino elegante y grandioso.
La frescura se la aporta una admirable acidez, que combinada con los recuerdos de frutas negras silvestres nos deja una duradera presencia, turbadora e inquietante.
Esta tercera etapa de nuestro viaje garnachero nos ha descubierto potencia, y una amortiguada agresividad. Personalidad, mucho carácter, y una emocionante complejidad.





